Nuestra lucha contemporánea para eliminar el asalto sexual, la violencia doméstica y el maltrato infantil tiene sus raíces en los movimientos de justicia y liberación de mediados del siglo XX. Fundamentalmente, este tipo de activismo consiste en afirmar la dignidad de todas las personas. Nuestro movimiento encarna el mismo espíritu que vive en las luchas por los derechos de las mujeres, la equidad de los LGBTQ+, la justicia racial y muchas otras. En el fondo, este trabajo trata de entender el poder, cómo la violencia se utiliza para aumentar el poder de algunos y disminuir el de otros, y cuando ciertos tipos de violencia se promulgan contra grupos colectivizados, funciona como una forma de control social. El uso (y el abuso) del poder y la violencia de este modo suele comenzar con la devaluación de la vida humana, lo que conduce a la marginación, la privación de derechos, la limitación de oportunidades y otras desigualdades sociales.

Durante casi una década, ValorUS (anteriormente la Coalición de California Contra el Asalto Sexual) ha ampliado sus esfuerzos para poner de relieve que el asalto sexual es producto de la desigualdad social — o la ausencia de equidad y justicia como norma social — y que crea ciclos intergeneracionales de violencia social. Entendemos el asalto sexual como una manifestación del sexismo (junto con el acoso sexual, la discriminación por razón de sexo, la negación del cuidado de salud reproductiva, etc.) que asegura la dominación patriarcal, garantizando que la riqueza y el poder sigan concentrados en gran medida en los hombres. El sexismo está arraigado en el mismo suelo que otras formas de opresión que, de forma similar, privan de derechos a grupos basados en la raza, la clase, las identidades sexuales, las religiones, la situación de residencia y las capacidades. Lo que complica esta comprensión es que ninguno de nosotros vive con una sola identidad. Somos polifacéticos, pero todos nos encontramos con que pertenecemos a una u otra cultura dominante que priva de derechos a otros.

ValorUS cree que, en orden de prevenir y poner fin a las generaciones de violencia sexual, debemos ocuparnos simultáneamente de promover la equidad. Si promovemos la equidad y la justicia en toda la sociedad, necesariamente mejorará la calidad de vida de las mujeres, de las personas con identidades de género marginadas, de las personas de color, de los niños, de los asalariados con bajos ingresos, de las personas con discapacidad, de los inmigrantes, de las personas encarceladas y detenidas, de los trabajadores inmigrantes, de los que trabajan en diversos oficios sexuales y de los hombres.

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El manual de herramientas SAAM de este año pretende fortalecer sus esfuerzos para:

  1. Aumentar la concienciación sobre el asalto sexual en una era post #MeToo
  2. Aumentar las asociaciones y colaboraciones con otras agencias y movimientos que trabajan por la justicia social
  3. Aumentar el conocimiento y la intervención activa de los espectadores sobre la violencia sexual
  4. Mantener conversaciones continuas con sus comunidades.
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